28 Sep ATRAPADOS EN NUNCA JAMÁS
EL SÍNDROME DE PETER PAN
El popularmente conocido como “síndrome de Peter Pan”, es un término acuñado por el psicólogo norteamericano Dan Kiley, con el que titula su libro publicado en 1983 y basado en experiencias observadas a lo largo de su carrera trabajando con delincuentes juveniles.
Kiley profundizó en este tema al observar que un elevado número de los jóvenes que trataba, se negaban a aceptar las responsabilidades que conlleva la vida adulta; motivo por el cual, como subtítulo del libro eligió: “hombres que no crecieron jamás”.
A pesar de no existir evidencia de que este llamado síndrome sea una enfermedad patológica existente, el término ha sido aceptado por la psicología popular.
Aunque habitualmente se relaciona a los hombres con este síndrome, lo cierto es que puede manifestarse indistintamente en hombres y mujeres.
¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE PETER PAN?
Quienes presentan este síndrome generalmente poseen un desfase entre su edad cronológica y su madurez afectiva, pues no han aprendido la diferencia entre crecer y ser adultos.
Algunos de sus rasgos característicos son:
- Se esconden detrás de mentiras para disimular su incapacidad de crecer.
- Hablan de fantásticos proyectos, normalmente inalcanzables, huyen de responsabilidades y culpabilizan a los demás de las situaciones negativas.
- Se sienten seducidos por la juventud, ensalzan esta etapa, negando la madurez.
- Tienen miedo a la soledad, son inseguros y con baja autoestima.
- Su actitud es la de recibir, pedir y criticar, pero no dan ni hacen nada.
- Viven centrados en sí mismos, sin preocuparse por lo que les sucede a las personas que tienen alrededor.
- Entienden el compromiso como una limitación a su libertad.
- Se muestran constantemente insatisfechos con lo que tienen, pero no hacen nada para cambiar la situación.
En definitiva, son personas que quieren todo, pero no están dispuestas a trabajar y esforzarse para lograrlo.
Lamentablemente, en la actualidad, este problema es más frecuente de lo deseado; sociológicamente se encuentra cada vez más cronificado, debido al ritmo de vida de la sociedad actual, donde el concepto de inmediatez se ha instalado, haciendo que las cosas se consigan con menos esfuerzo, sin necesidad de compromisos y consumiendo para llenar huecos afectivos.
A simple vista, las personas que lo padecen se muestran como personas despreocupadas y felices, pero cuando escarbamos un poquito bajo esa fachada, encontramos sentimientos de soledad e insatisfacción, junto con dependencia emocional, pues necesitan sentirse protegidos y que alguien satisfaga sus necesidades.
Normalmente las personas desconocen que padecen este síndrome hasta que les ocurre algo significativo que les hace replantearse su forma de comportarse y afrontar la vida.
CAUSAS DEL SÍNDROME DE PETER PAN
A parte de unos rasgos de personalidad dependientes o evitativos, el origen de este desajuste es la historia vital de la infancia.
En el primer caso, a través del síndrome, la persona busca perpetuar los momentos felices, viviendo una infancia constante; mientras que en el segundo, intenta recuperar la infancia robada con la libertad que le aporta la adultez.

CONSECUENCIAS DE SER UN PETER PAN
La forma en la que estas personas afrontan la vida da lugar a importantes alteraciones emocionales.
Son frecuentes los altos niveles de ansiedad y tristeza, que pueden derivar en cuadros de depresión.
Como no asumen la responsabilidad de sus actos, no sienten sus logros como suyos, motivo por el cual se sienten muy insatisfechos con su vida, repercutiendo en su autoestima.
Por lo general son incomprendidos y como ellos mismos no saben que padecen este síndrome, hasta que no lo identifican, se encuentran en situación de retroalimentación constante de sus propias actitudes y comportamientos.
A nivel relacional también tienen dificultades pues aunque se muestren como personas seguras de sí mismas, llegando a parecer arrogantes, su baja autoestima les frena en sus relaciones sociales.
Tienen grandes cualidades como creatividad e ingenio y son buenos profesionales, esforzándose por conseguir el reconocimiento de la gente que les rodea.
Son líderes en la calle, tiranos en casa.
En el plano afectivo, muchos son solteros que llegan a ser grandes seductores y saltan de relación en relación.
Los que tienen pareja pueden crear relaciones superficiales, estando años sin comprometerse totalmente.
MADURAR SIN SER PETER PAN
Madurar es parte del proceso de desarrollo de las personas, pero no siempre es sencillo, pues requiere realizar cambios, asumir decisiones y adoptar valores que nos guíen en nuestro proceso vital.
También, en este proceso, se hace necesario renunciar a algunas cosas para conseguir nuestros objetivos, responsabilizándonos de nuestras decisiones y sabiendo gestionar los niveles de frustración que se generan cuando no conseguimos lo que tanto perseguimos.
Sin embargo, todo esto no significa renunciar a nuestro niño interior, pues nos convertiríamos en personas rígidas y estáticas.
Pero este niño no debería ser quien dominase nuestra vida de adultos.
Es necesario un equilibrio entre adulto y niño interior, un diálogo interno y proceso de introspección en el que se establezcan los roles y límites de cada uno de ellos.
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