20 Oct LUGARES QUE AMAR
Ella apareció en esa plaza con caminar pausado, portando entre sus brazos una bolsa de papel con la compra realizada en el mercado.
Con rostro natural y sereno, expresando confianza en el entorno y terreno, reflejaba esa actitud contundente y calmada de quien está exactamente donde desea estar.
Miré alrededor, era difícil de entender y asimilar que hubiese decidido amar ese lugar.
Caos de calles, barrizales, basuras, olores y costumbres ancestrales. Y todo ello mezclado con un aire cargado, asfixiante, de energía pesada, de desidia, incluso desgana.
Tantos lugares recorridos, y aquel especialmente ahogaba los sentidos.
No habían pasado dos días y, al atardecer, la encontré de nuevo. Paseaba, simplemente paseaba y saludaba a todo aquel que encontraba; se movía como pez en el agua y yo continuaba sin despejar la incógnita variable que hacía de aquel su espacio ideal.
Los días transcurrieron a un ritmo irrelevante; y las capas comenzaron a despegarse, poco a poco, permitiendo llegar al centro de ese conocimiento.

Fuera de espacio y tiempo, aquel lugar se presentaba como un simple existir y estar presente, abriendo los ojos al despliegue de sensaciones, contrastes y puramente humanas contradicciones.
Se abrió la puerta permitiendo coger perspectiva y, como un torrente, comenzó la energía a fluir de forma acelerada.
Se mezclaron recuerdos del pasado con la loca idea de elegir amar el caos.
Acertada o desacertada, marcada por el reloj que descontaba horas para dejarlo atrás, esa fue la elección: amar ese caos que había trastocado de nuevo el alma.
Un caos tan perfecto y cotidiano que ya estaba instalado en el fuero interno y era imposible desterrar, solo podía ser aceptado y amado.
El círculo se cerró contemplando el color de la tierra, la luz que todo lo inunda y estremece, dando sentido al sinsentido de la elección.
Porque amar es una elección calibrada entre consciente e inconsciente; una valoración de lo conocido y sentido, de oportunidades latentes y realidades presentes.
Me rendí ante mi propia elección. Como una pieza de puzle, otro pedacito de África ya había encajado a la perfección en mi corazón.
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