VOLVER A LOS COLUMPIOS- ATARDECER-LA CALETA-ADEJE-TENERIFE

VOLVER A LOS COLUMPIOS

Y en el devenir del tiempo, ante circunstancias adversas que te mecen a su libre albedrío, navegas apretando los dientes, encajando mandíbula y repitiéndote: “yo puedo”; quizá porque nadie más te lo dice, simplemente lo dan por hecho.

Te olvidas de sonreír, y cuando lo haces, tu sonrisa es más bien una mueca mil veces ensayada ante el espejo de tu propia indiferencia.

Descartas la diversión, y te cubres con una armadura de falsa fortaleza ensalzada.

Dentro de ti se detiene el tiempo; te afanas tanto en que esa armadura sea hermética, que al igual que una semilla que necesita de sol y riego, tu esencia permanece dormida, arropada por la oscuridad que tú misma te has auto-impuesto.

Te caes mil veces, y mil y una te levantas, sin percibir que aun sintiéndote fortalecida, las fisuras hacen mella en la armadura, permitiendo que la luz de la sabiduría se filtre a través de ellas, alimentando la semilla sembrada.

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Poco a poco germina dentro de ti todo aquello que puedes y quieres ser.

Experimentas sutilmente un crecimiento interior, en silencio, con calma; y de alguna forma te arraigas a una fortaleza que nada tiene que ver con esa que habías logrado de forma externa.

La armadura va cayendo, te reconcilias y despides del pasado en silencio.

Maduras. Te relajas, te permites todo lo que mereces, aceptas que no todo está bajo tu control y abrazas lo inesperado, el regalo de saber que todo es perfecto dentro de este caos de remolinos alocados.

Confías. En ti, en la vida, en todo lo que está por venir.

Y entonces, solo entonces, estás lista para volver a los columpios del parque y balancearte hasta tocar las estrellas con las puntas de los pies, sonreír, cerrar los ojos y dejarte VIVIR.

MADURAR, ACEPTAR Y VOLVERTE A COLUMPIAR

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