02 Oct DERRUMBE EN LOS CRISTIANOS, REFLEXIONES SOBRE UNA TRAGEDIA
ESTE POST FUE ESCRITO EN 2016
Dicen que después de la tormenta llega la calma; sin embargo, en ocasiones, aparece una tormenta mayor que convierte la primera en agua pasada.
El jueves 14 de Abril, los habitantes de Los Cristianos comenzamos la jornada con la trágica noticia del derrumbe de un edificio en pleno corazón de nuestro pequeño pueblo.
Durante un par de días, Los Cristianos, este entrañable rincón del Sur de Tenerife, se hizo tristemente famoso a nivel nacional, ocupando espacio en todos los informativos, hasta que llegó la gran tormenta: el terremoto de Ecuador .
En ese momento, lo vivido parece “nada”, comparado con este último desastre que la madre Naturaleza nos tenía reservado. Y como era lógico, todos los medios de comunicación se centraron en este acontecimiento.
Pero es humanamente inevitable, que ante lo más cercano nos sintamos ligados por unos lazos invisibles que de forma sutil nos aprietan la conciencia y entrañas, haciéndonos accionar nuestros sistemas de alerta y, en cierto modo, despertar y contemplar la efímera realidad.
Por aquello de aprovechar mis últimos días libres antes de incorporarme al trabajo, el día del derrumbe se presentaba para mí como una jornada tranquila en la que de no haber sido por este acontecimiento, seguro habría paseado por la zona, haciendo una parada técnica en el Bar El Escondite para tomar un Nestea de mango-piña y escuchar alguna historia de Javier, su propietario.
Tenía cita en la peluquería a las 09:30, la hora del derrumbe; y como se me hizo tarde, en vez de ir por el centro de Los Cristianos, atajé por detrás de la Montaña Chayofita; y fue en ese preciso momento cuando supe que algo había ocurrido, pues me crucé con coches de policía que se dirigían a toda velocidad hacia el lugar del suceso.
Llegué a la peluquería acelerada y sin tener ni idea de lo ocurrido.
Mientras me cortaban el pelo, otra señora hablaba con su peluquera: “Seguro que los chinos estaban haciendo obras, esta gente no pide permisos, hacen lo que quieren y así ocurre después”.
No entendía muy bien la conversación, así que pregunté directamente y me explicaron cómo se había desplomado el edificio en cuestión de segundos. Claro que me sorprendí, claro que pensé: “Yo podía haber estado allí”, pero lo que más me impactó en ese momento fue cómo no habían transcurrido ni diez minutos y estas señoras ya estaban especulando y culpabilizando a los propietarios del Supermercado Asiático situado en la planta baja del edificio. ¿Por qué esa fea costumbre por parte de algunas personas?
Al momento llegó la esposa de Reyes, dueño de El Mestizo Café Bar, cercano a la zona del derrumbe. Ella había salido corriendo alertada por su hermana Mamen, la camarera que suele atendernos.
Ella me mostró las fotos que había hecho con su móvil y me contó cómo en el momento que estuvo, ya habían rescatado a una mujer viva entre los escombros.
Como cada mañana, Mamen se dirigía a abrir el bar y al pasar por la calle de arriba vio a dos obreros que hablaban de apuntalar por varias zonas, así que ella decidió no bajar las escaleras y cambió su camino habitual.
Llegando a El Mestizo, escuchó un gran estruendo y todo se convirtió en una nube de humo. ¿Imagináis la reacción de Mamen al comprobar que ese simple gesto –variar su camino-, evitó que en décimas de segundos su vida se esfumara entre los escombros?

Tras escuchar el relato, mi primera reacción fue sacar mi móvil del bolso y enviar mensajes explicando lo sucedido. Fue entonces cuando comprobé que entre toda mi agenda telefónica, tan sólo me centré en tres personas, obviamente aquellas que realmente son importantes y que sabía que podrían inquietarse al conocer la noticia. ¿Os ha ocurrido algo similar? A la hora de la verdad, ¿cuántas personas podéis considerar imprescindibles en vuestras vidas?
Y por fin, en el televisor de la peluquería la Televisión Canaria comenzó a cubrir la noticia, dando el pistoletazo de salida al resto de cadenas nacionales que no pararon de dar información confusa y contradictoria a medida que pasaban las horas: Muertos, no muertos, desaparecidos, un baile de desinformación que nos tocaba la fibra sensible a todos los habitantes de Los Cristianos que como puros espectadores asistíamos a ese Circo Mediático.
Salí de la peluquería desinformada y algo descentrada. Caminé por una Avenida Suecia inusualmente desierta a esas horas, respirando tristeza y compartiendo con sus comerciantes gestos de preocupación mezclados con atisbos de esperanza.

Cuando llegué a la altura de la plaza, encontré las calles cortadas y camiones de bomberos; pero nuevamente mi sorpresa fue mayor al comprobar la multitud de personas que estaban sentadas en los bancos “olfateando”, o en corros de conversaciones e hipótesis improvisadas. Otras, en cambio, caminaban por la calzada que había sido cortada al tráfico, recordándome por un momento a los desfiles de Carnaval. ¿Es el morbo lo que mueve a estas personas?
Tan sólo puedo recordar una frase que vino a mi cabeza en ese momento: “Si no puedes ayudar, no molestes”.
Yo no podía ayudar a los profesionales que estaban trabajando allí y opté por huir por las calles traseras y tratar de seguir con lo previsto, haciendo mis compras en la Frutería Iso. Pero incluso en la frutería tuve que escuchar más comentarios sin contrastar.
Una señora nos contó “Cómo una amiga suya le había dicho que en Hospiten ya habían recibido 6 cadáveres”. ¡¡No podía dar crédito a lo que escuchaba!!
En ese punto de la mañana ya no sabía que pensar… ¿Por qué hay personas que se empeñan en “hablar por hablar”? ¿Quieren sentirse protagonistas?
Y ¡¡qué decir de los medios!! Cada canal, cada periódico en internet lanzaba información diferente. ¿Es más importante la audiencia que comunicar la verdad?
Y llegó la versión oficial, a las 13:30 hrs., cuatro horas después del derrumbe del edificio. El Alcalde de Arona, José Julián Mena, compareció en rueda de prensa, confirmando que hasta ese momento tan sólo había tres heridos y nueve personas “no localizadas”, siendo la prioridad en ese momento salvaguardar la integridad de las personas que estaban trabajando en el rescate. Para ello, era necesario provocar un derrumbe controlado de una parte del edificio que había quedado en pie y era inestable.
Entiendo los protocolos y que obviamente en ese momento había que garantizar la seguridad de las personas que trabajaban en intentar localizar a otros seres humanos. Pero, un derrumbe sobre otro derrumbe, ¿no aniquilaba las probabilidades de encontrar a alguien con vida?… Y cuantas más horas pasasen, menos posibilidades.
Precisamente en ese momento me percaté de lo difícil que debía ser para el Alcalde de Arona comparecer ante los medios, y elegir las palabras precisas que no alborotasen más la situación. La cruda realidad es que en ese momento las esperanzas de encontrar cuerpos con vida debían de ser inexistentes, teniendo en cuenta la magnitud del derrumbe; pero, como es natural, él no podía decir: “Señores, vamos a derrumbar el resto para que no se les caiga encima a las personas que están trabajando y poder recuperar los cuerpos sin vida que estarán enterrados bajo esas toneladas de escombros”.
Difícil situación, elegir las palabras correctas que no hieran la sensibilidad de víctimas y afectados, así como del resto de la población.
Durante más de 48 horas, estuvieron trabajando sin descanso hasta rescatar el séptimo cadáver entre los escombros del edificio.
Mención especial para la unidad canina de rescate de la Policía Nacional y la UME, cuya presencia en el lugar ha sido imprescindible para concluir las labores de localización de los cuerpos.
Poco a poco, tras la tormenta del derrumbe, vuelve la calma a Los Cristianos. Queda el dolor de las víctimas, aquellos que han perdido a seres queridos y los que se han salvado, pero con su hogar y/o su negocio, han perdido parte de la historia de su vida.

¿Hipótesis sobre lo ocurrido?: las obras en un local –no el de los chinos-, dicen que estaban haciendo obra mayor, cuando el permiso del Ayuntamiento de Arona era para obra menor. Otros hablan de un supuesto informe pericial del año 2003 que indicaba ya la necesidad de reforzar estructura del edificio. En cualquiera de los casos, tiene que haber un responsable, un edificio no se derrumba por arte de magia.
Esto me recuerda a las reuniones de la Comunidad en mi edificio… Las peleas continuas porque las construcciones no son eternas y hay que seguir un mantenimiento, pero muchos propietarios no quieren pagar más.
Ahora imagino la tormenta posterior: Guerras con los seguros, demandas por responsabilidades, una carrera sin frenos que no hará más que multiplicar el dolor. Mientras, lo esencial, nunca se recuperará.
Como siempre ocurre, en los momentos difíciles vemos lo mejor y lo peor del ser humano.
En los primeros días me rompía por dentro escuchar especulaciones sin sentido, y el morbo que esta tragedia provocaba en las personas, sinceramente, no lo soportaba.
Después he visto a un pueblo volcado con sus vecinos, gestos de solidaridad y un pequeño “despertar” en todas las personas con las que he hablado, pues cualquiera de nosotros “podía haber estado ahí”.
El pasado domingo caminé por primera vez cerca de la zona del derrumbe y me alegró ver que El Escondite ha reabierto sus puertas; eso sí, su terraza se ha visto reducida a menos de la mitad y ahora hace más honor a su nombre, pues ha quedado acorralado por las vallas que acotan la zona del edificio derruido. La vida del autónomo es dura, y sus dueños necesitan seguir trabajando.
En un acto de solidaridad, Carlos, de El Rincón de Pancho– una coqueta tasca situada en la misma zona-, ha hecho publicidad de El Escondite en su local y redes sociales, animando a todos los clientes a visitar al amigo Javier y ayudarle así a seguir con su negocio. Y desde aquí, ¡¡ Yo misma os animo a hacerlo!!
La vida continúa… Por mucho que miremos las predicciones, una nueva tormenta puede venir en cualquier momento. ¿A qué estamos esperando para seguir viviendo?
Os dejo con unas imágenes positivas para que todos recordemos el maravilloso lugar en el que vivimos y lo afortunados que somos… Porque cualquiera de nosotros podría haber sido víctima de este derrumbe en Los Cristianos.
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