10 Oct AMAR A MARES
El agua helada caía sobre su cuerpo desnudo.
La cabeza comenzó a despejarse y recordó los mares que la rodeaban.
“Vivo rodeada de tres mares”- pensó.
Sonrió e intentó visualizar su gran mar, ese que la inunda y la hace formar parte del todo, de él mismo, del océano infinito de agua salada; de su oscuridad y potente resplandor bajo los días soleados de bonanza.
Ese mar que la colma, la embriaga, la seduce, la devora y la vuelve apasionada, soñadora e ilusionista ilusionada.
Mar, siempre mar, capaz de atraparla, mecerla y suavemente, en silencio, destrozarla.

En segundo plano está el otro mar, el de fuerza vital, nacido de las profundidades, resplandor de peces, estrellas y corales.
Mar de fondo sereno, arrebato en superficie; pero que aun estando calmado, impulsa veleros que atraviesan el mundo entero.
Mar aventurero, atrevido y seguro. Mar que es brisa refrescante, de esa que limpia el alma, dibuja sonrisas y crea preciosos instantes.
Mar abierto, horizonte, atardecer continuo que sin darte cuenta te anima a seguir y cambiar el rumbo elegido.
Y por último y no menos importante, está ese mar que es calma absoluta; el mar que se respira e impregna el alma de comprensión y bondad, ensalzando la espiritualidad.
Mar que acoge dulcemente, acurruca entre sus olas y acompasa el ritmo del corazón, creando una sincronía perfecta de puro y respetuoso amor.
Amor del bueno, del que trasciende, del que es todo y nada a la vez, porque nada busca salvo entregarse al conocimiento de otro ser.
Mar respetuoso que acaricia lo sutil, lo que no se ve; y tras bañarte por completo todos tus sentimientos, tal como vino se va, sembrando agradecimiento.
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