12 Oct AMARTE
Mira nena: ni luna, ni estrellas, ni flores, ni velas.
Déjate de milongas y simplemente deja que te quiera.
Y llegó el día, ese día en el que te miras en el espejo del ayer y dices: “¡Vaya tela, bonita, vaya tela! ¿ A dónde vas tropezando de nuevo con la misma piedra?”.
Descubres que esas piedras en las que tropiezas constantemente son las que, paradójicamente, más te acercan a ti, a quien eras y nunca quisiste dejar de ser.
Ese alma inquieta que vibra, se quiebra y se reinventa; esa niña que juega y sonríe traviesa; esa buscadora que a pesar de las raíces ancladas a tierra, es capaz de batir vuelo y dejar atrás todo, despidiéndose con mirada serena.
Y le buscas tres pies al gato, y el cuarto ya ni lo encuentras. Y en el bucle del tiempo, rizas el rizo entre encuentros y desencuentros, para llegar al punto de partida y finalmente darte cuenta de que jamás te fuiste, aunque ni tú misma te vieras.

Hoy es el día para brindar por las piedras, los pedruscos, los vientos y las mareas; para decirme alto y claro: “Te quiero, nena”.
No Comments