EL TEIDE, PASEANDO BAJO LAS ESTRELLAS

ESTE POST FUE ESCRITO EN 2016

A lo largo de los años, son innumerables las veces que he recorrido el Parque Nacional de El Teide, y siempre me impresiona. Me siento hipnotizada por la belleza de sus paisajes, sus matices en función de la época del año y la luz, así como la sutil energía que transmite la mera contemplación de este entorno único.

No recuerdo en qué momento comencé a llamarle Padre Teide; quizá escuché nombrarlo así en alguna ocasión y sentí simplemente que era perfecto.

Cuando viajo en avión y contemplo El Teide desde la ventanilla, siempre lo pienso: “Ahí está, como un Dios imponente custodiando la isla de Tenerife” y, en cierta forma, como un padre siempre presente.

Visible casi desde cualquier punto de la isla, “guardián” y protector de sus habitantes. Bueno, hasta el día que despierte de la siestecita bostezando fuertemente.¡¡ Más vale portarse bien y no despertar a Papá!!

Quiero pensar y pienso que ahí está, recordándonos a todos en cada momento que, por mucho que evolucionemos, al final la Naturaleza manda y lo que hoy es símbolo de fuerza, belleza y admiración, puede un día provocar destrucción, pues somos insignificantes seres bajo sus pies.

EL TEIDE

Dejando mis divagaciones a un lado… Hacía varios años que no realizaba una visita nocturna a Papá.

Mi primera visita de noche fue allá por 2004. Tras varios días de calima y calor sofocante, aprovechando que esa noche había luna llena, fui con unos amigos a disfrutar de unas horas de relax, temperatura agradable y paisaje fascinante.

Después he estado otras tantas noches a los pies de El Teide a la caza de las estrellas fugaces, pero ya habían pasado varios años.

Llevaba varios meses siguiendo a través de las redes sociales a una pequeña empresa que se dedica a organizar actividades en grupo, senderismo, etc.

Elegí subir con ellos, Adondevamoshoy?, porque proponían una Ruta de Las Estrellas en la cual no sólo podríamos caminar, sino también descubrir las estrellas, planetas, e incluso un poquito de historia.

Ciertamente cualquier persona puede subir y pasear libremente bajo las estrellas, pero tenía curiosidad por conocer a las personas que estaban detrás de esa empresa. Y no me defraudó la experiencia, altamente recomendable.

El punto de encuentro es la pequeña ermita que se encuentra frente a El Parador Nacional de Las Cañadas de El Teide.

El simple hecho de llegar sobre las 20:00 horas a este lugar, merece la pena, pues la luz del atardecer baña mágicamente este paisaje

Lástima no poder contemplar -y atrapar con la cámara- la intensidad real de sus colores; pero, lamentablemente, la calima que este verano nos ha atrapado, no lo permitió.

La ruta comienza por el pequeño sendero que parte desde el lateral del Parador y enlaza con la pista de Las Siete Cañadas.

Se trata de una ruta de baja dificultad, donde prima la contemplación y disfrute del paisaje nocturno; por ello tan sólo se realiza aproximadamente un tercio de las Siete Cañadas, para después descansar durante un tiempo y simplemente “intentar cazar estrellas fugaces con la mirada”.

Isaac, el guía de Adondevamoshoy?, realiza paradas estratégicas, descifrando el lenguaje de los cielos e intentando dar respuesta a las preguntas de grandes y pequeños. Y son especialmente éstos últimos –los niños- los que más disfrutan y contagian su ilusión al resto.

Si tenéis niños, no desaprovechéis la ocasión de compartir unas horas con ellos realizando esta actividad, ya sea por libre o con alguna de las numerosas empresas que la organizan.

En este punto he de confesar algo: “No vi ni una sola estrella fugaz”. Y no es que no hubiese, pero me las perdí todas… Caminaba mirando al cielo, bajaba la cabeza un momento y me la perdía… Paramos para comer el bocata, y ahí estaba yo masticando mi tortilla y mirando al cielo… Desviaba la mirada por una décima de segundo… ¡¡Y me la perdía de nuevo!!… Eso sí, seguí la trayectoria de dos satélites. Guauuu!! Qué velocidad.

En cuanto a la fotografía nocturna, obviamente tengo que practicar, sobre todo el arte de la paciencia.

Afortunadamente, Isaac ya domina más este arte y es capaz de tomar imágenes estupendas que todos podéis disfrutar en su página de Facebook.

Una vez termina la ruta, de regreso al punto de encuentro inicial, los guías os obsequiarán con un final dulce: chocolate y bizcochón.

Además, cabe la posibilidad de aprovechar su conocimiento de fotografía nocturna y pedirles que os hagan llegar algunas imágenes en concreto, recuerdos sólo para vosotros, sin tener que compartir en ninguna red social, y con mejor calidad.

En definitiva, da igual si vais por libre, o en grupo, pero ¡¡hacedlo!!… No importa si, como yo, os perdéis las estrellas por desviar la mirada, la experiencia merece vuestro tiempo y seguro querréis repetir.

De momento, para abrir boca… Os dejo con las Perseidas de 2016…¡¡ Los deseos los ponéis vosotros!!

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