17 Oct LATIDOS
Bastó un segundo, unas palabras escritas en la pantalla de su móvil, y el mundo entero cambió a su alrededor.
Podría decirse que cada célula de su cuerpo comenzó a vibrar bajo la frecuencia adecuada.
Música, tierra, luz y sonrisas se amontonaron en su cabeza.
Baile, olores, miles de colores, naturaleza.
Lágrimas de emoción recorrieron sus mejillas, bañando una sonrisa que se había quedado anclada aún sin creer que por fin, después de tanto tiempo, volvería a retomar uno de sus más preciados deseos.
Volver, esa era la palabra; volver al origen, al pálpito del corazón.

A veces, cierra los ojos, y ve más luz que con ellos abiertos, porque al cerrarlos viaja a aquellos gratos recuerdos.
Allí está Nuba, la niña de su relato, sentada en las hermosas colinas etíopes; parece que no ha crecido y, aunque todo ha cambiado, igualmente permanece inmutable en su esencia. El dilema no se ha solucionado.
Su mirada se muestra más sabia que años atrás, pero su sonrisa sigue siendo la misma, invitándole a caminar abriendo mente y corazón de par en par.
Porque hay lugares a los que ya quieres volver sin haber estado, al igual que hay personas que forman parte de ti, aunque no estén a tu lado.
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