WhatsApp: EL ROMPECORAZONES DIGITAL

¿COMUNICACIÓN VIRTUAL O REAL?

Vivimos en un mundo contradictorio; exigimos protección de nuestra salud física y mental, promoviendo modos de vida saludables y respetuosos.

Sin embargo,  creamos a la par, relaciones basadas en una comunicación cada vez más virtual, vinculada a problemas emocionales derivados de los niveles de ansiedad que experimenta un gran número de personas al interactuar a través de redes sociales y otras aplicaciones.

Todo se transforma a ritmo vertiginoso, y vemos cómo las relaciones amorosas crecen, se desarrollan y mueren al ritmo de conversaciones y ticks de la aplicación estrella: WhatsApp.

¿Donde está el limite de nuestra privacidad personal? ¿Cuáles son las reglas que deberíamos interpretar y respetar a la hora de comunicarnos por esta aplicación?

MI AMOR EN EL BOLSILLO

Es indudable que tanto WhatsApp como cualquier otra herramienta de comunicación, bien utilizada, puede resultarnos efectiva y de gran valor en nuestro día a día, tanto a nivel profesional, como personal.

Sin embargo, lamentablemente, cada vez se constatan más a menudo los problemas que conlleva una gestión inadecuada de esta aplicación.

Si focalizamos nuestra atención en el plano afectivo,  vemos que nos movemos por la vida con “nuestro amor en el bolsillo”. A un golpe de “tick”, podemos conectar al momento con nuestra pareja, esté donde esté.

Pero esta sutil cercanía, que puede aportar beneficio a la pareja en determinadlos momentos, con mensajes de apoyo en el día a día y creando un espacio común de comunicación, puede transformarse en un foco de inestabilidad, estrés, ansiedad y desequilibrio emocional, que incluso podría derivar en la ruptura definitiva.

Aún interpretando los roles de pareja, todos y cada uno de nosotros tenemos derecho a nuestro espacio de privacidad personal.

CALIDAD VERSUS CANTIDAD

Pensemos por un momento cómo era la comunicación entre parejas antes de la aparición  de esta aplicación. Quizá realizasen una llamada al día para conversar a lo largo de la jornada, al inicio o al final.

Pero lo que si es seguro es que si llamabas a tu pareja y no te contestaba, en ningún momento interpretabas que no quería hablar contigo; simplemente dabas por hecho que no podía atender tu llamada y te la devolvería a lo largo de la jornada.

Obviando las ventajas de poder compartir al instante pensamientos, archivos, fotos y cualquier otro comentario, la diferencia radica en la postura y actitud de los comunicadores.

Dicho de otra forma, inconscientemente, algunas personas, reclaman la misma inmediatez de respuesta con la que  envían sus mensajes, sin tener en cuenta las circunstancias en las que puede encontrarse la persona receptora.

El número de mensajes emitidos a lo largo del día se multiplica, pero no con ello la calidad de la comunicación entre la pareja.

En ocasiones, el lenguaje y tono empleado o interpretado, da lugar a malentendidos que no hacen más que despertar suspicacias.

Y de aquí a la desconfianza, celos y ansiedad, solo hay tímidos pasos que las personas dan cada vez que se preguntan ¿Por qué no responde si está en línea? ¿Con quien habla? Y un largo etcétera  que hace tambalear los cimientos de un estado emocional saludable.

EL EFECTO DEL DOBLE CHECK

El colofón de estos desórdenes, aparece con el denominado síndrome del doble check, que no es otra cosa que el conjunto de  síntomas que experimenta  una persona ante el hecho de no obtener respuesta a sus mensajes una vez corrobora mediante el doble check azul que éstos han sido leídos.

Este síndrome, puede incluir varios tipos de síntomas

  • Psicológicos: agobio, sospechas, inseguridades, temor.
  • Físicos: sensación estómago vacío, cansancio, taquicardia, sudoración.
  • Conductuales: hipervigilancia de la pareja, impulsividad, incapacidad para actuar de forma asertiva.
  • Cognitivos: dificultad para concentrarse, preocupación excesiva, estado de confusión permanente, interpretación errónea.
  • Sociales: irritabilidad, bloqueo o temor excesivo a conflictos.
  • Todos son síntomas inequívocos de ansiedad, que de no ser tratados a tiempo, puede perjudicar seriamente la salud física y mental de la persona.

LAS ARMAS LAS CARGA EL DIABLO

No podemos responsabilizar a una aplicación de todos nuestros males.

Tenemos en nuestras manos un arma de comunicación valiosa, pero que en cierta forma, deja al descubierto nuestras debilidades, pues su uso parece reflejar cómo tratamos nuestros propios vínculos afectivos, reflejando parte de nuestra personalidad, capacidad para respetar y madurez emocional.

Y en este punto es donde se convierte en un medio idóneo para generar conductas pasivo agresivas de manipulación, que pasan del acoso a la desconexión total, generando situaciones dolorosas e inmaduras.

En definitiva, somos nosotros quiénes parecemos no avanzar en sintonía con los recursos que tenemos a nuestro alcance. La utilización de esta aplicación entre parejas, evidencia nuestras inseguridades y vacíos más oscuros, que nos hacen desconfiar, generar celos y llegar a utilizar este medio como arma de destrucción.

Por tanto, es evidente que hoy, más que nunca, es necesario trabajar en nosotros mismos, nuestras emociones y confianza en el otro.

WhatsApp, así como el resto de aplicaciones de comunicación, son grandes recursos a nuestro alcance para hacernos la vida más fácil; pero no debemos olvidar que la verdadera comunicación efectiva y satisfactoria es la que se produce “conectando miradas”.

 

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